¿Es un problema para los niños/as ver mucha TV?
Ver mucho la TV se ha convertido en tan habitual que no se vive como “problema”.
No obstante, el problema existe. Los efectos perjudiciales no se notan de inmediato, pero sí se hacen evidentes a medida que los niños y niñas van creciendo.
La TV se nos presenta atractiva, no pide nada, es gratuita, entretenida, fácil…, ingredientes que invitan a que esté enchufada muchas horas al día. Éste es precisamente el objetivo de todas las cadenas: captar al mayor número de teleespectadores para que así aumenten los anunciantes. Éstos, con estrategias muy estudiadas, a las cuales los niños y niñas son más susceptibles, intentan persuadirnos para comprar sus productos, con lo cual se abren las puertas al consumismo.
En la TV predomina la imagen en detrimento del lenguaje oral y escrito. La imagen conecta con las emociones, con lo inmediato. Para mantener la atención cada día asistimos a un ritmo más frenético de estímulos visuales y sonoros. Todo esto tiene como consecuencia que se tienda a rechazar lo que requiera análisis, razonamiento o abstracción porque supone esfuerzo o es aburrido. Esto se constata en muchos alumnos/as a la hora de estudiar, hablar, escribir o leer.
También, ver mucho la TV, puede tener repercusiones sobre la salud: menos ejercicio físico, obesidad, problemas de sueño, pesadillas…
Por último, conviene analizar los valores que se transmiten en muchos programas: violencia, competitividad, consumismo, insensibilidad a los sentimientos o al dolor de los otros…, los cuales, lógicamente, no concuerdan con los que se trabajan en la escuela y en la familia.
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