Importancia de la motivación ante el fracaso escolar

¿Por qué sólo se habla de rendimiento escolar del alumnado y no se tiene en cuenta el rendimiento del centro y del profesorado, o la actitud de las familias? ¿Porque no interesa, quizás?

¿Cuáles son las soluciones prácticas para el alumnado que se dedica a mirar a las ventanas, a incordiar en clase y a esperar a que llegue la hora de salir? la respuesta es doble: 1. dotar de mayor autoridad y prestigio al profesor, 2. “apartarlos del sistema” o derivarlos a otras líneas de aprendizaje que les “motiven” más.

Esa es la palabra clave: la motivación, en este caso la desmotivación. Pero ¿cómo un niño o una niña comienza a desmotivarse por el aprendizaje?

El fracaso escolar se produce cuando algo falla en algún punto del sistema educativo, y el niño o la niña con dificultades no es ayudado/a para superarlas.

Si los docentes no están profesionalmente preparados para programar el aprendizaje de sus alumnos y alumnas con la didáctica adecuada o no utilizan la dialógica, o no están motivados y se ponen a la defensiva culpando al alumnado y a sus familias de las dificultades del aprendizaje de sus alumnos/as, el fracaso está asegurado, y “siempre” la culpa será del alumno/a.

Sin embargo, hay profesionales que sí actúan adecuadamente y su nivel de éxito y su grado de motivación están por encima de la media. Son los profesores/as que no necesitan mayor autoridad otorgada por una norma, pues ésta les viene dada por su comportamiento y profesionalidad.

Este profesorado es el que fomenta la implicación del alumnado en su propio proceso educativo, estimulando la motivación adecuada para la realización de sus estudios; establece y define la relación entre metas, capacidad de esfuerzo y resultados, y enseña a desarrollar ideas positivas sobre sus aptitudes; establece y enseña a dirigir el pensamiento hacia sus propias metas; y, conoce técnicas y componentes del estudio, modos de adquisición, entrenamiento, mejora y consolidación.

En cuanto a las familias, las hacen conscientes de los numerosos elementos familiares que influyen en el rendimiento escolar de los alumnos y alumnas, entre ellos la necesidad de potenciar su motivación e impedir su desaliento ante notas desfavorables, cómo influyen las propias actitudes y expectativas que tenemos acerca de nuestros hijos e hijas, unido a nuestro estilo comunicativo, muchas veces de un modo no explícito pero no por ello menos importante en su rendimiento.

                                                                                                                                                                              Artículo resumido y adaptado de Ana Romero Picazo
                                                                                                                                                                              Revista Padres y Madres de alumnos y alumnos (CEAPA)

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