La familia como principal agente socializador

 

Existe un punto de partida muy claro, que todos comparten: educar a los más pequeños es un papel que combina la ilusión,el amor y cariño, con una emorme responsabilidad y muchas dudas. Labor para la que nadie se siente suficientemente preparado y que parece no contar con más guía que la que ofrece la buena voluntad, la experiencia y la tradición.

Como adultos, los padres se sienten plenamente responsables de la transmisión de valores que propiciará que la sociedad en la que los más pequeños viven y vivirán, sea la más adecuada para ellos. Y, precismente el epso de sentirse pieza clave en el desarrollo futuro de quienes ahora son sus hijos, es el elemento que propicia que la sensación general se defina más en torno a los aspectos que preocupan que alrededor de otras cuestiones.

Ser padre o madre se afronta como una situación plagada de sacrificios y reuncias. Esto adquiere especial relevancia pra las mujeres, que en ocasiones siguen presionadas por el papel de madres abnegadas, dispuestas a renunciar a carreras profesionales o al tiempo dedicado a la formación y al ocio, para ocuparse de sus hijos el mayor tiempo posible en base a la tradicional idea de que su labor es intransferible. Evidentemente, la progresiva incorporación de las mujeres al mercado laboral ha debilitado ese rol tradicional, o ha obligado a buscar nuevas fórmulas de actuación.

En este sentido, existen dos posturas que probablemente llevan al extremo las posiciones: por un lado, aquéllas que defienden el regreso al hogar en base a la convicción de lo esencial del papel de la mujer (dando por hecho que los hombres no pueden hacerlo), además de por asumir los discursos que atribuyen a la salida de casa de la madre el que los hijos estén menos atendidos y peor educados; por otro lado, quienes defienden a ultranza, como seña de identidad de la mujer contemporánea, una parcela de intimidad y tiempo dedicado a sí misma al margen de la familia, especialmente en lo que se refiere al desarrollo profesional, aunque, en la práctica, esta postura pueda traducirse en que su esfuerzo ha de multiplicarse (trabajar fuera, para después trabajar en casa).

Por su parte, las renuncias que enuncian los padres van más en lal línea de deber realizar importantes esfuerzos económicos (por lo que han de prescindir de muchas opciones de ocio o consumos personales), o de tener que dedicar tiempo a los hijos cuando están muy cansados, renunciando al tiempo libre o a ocuparse de otras cosas.

Esta situación condiciona que padres y madres aún desarrollen roles muy marcados por su género: padres como figura autoritaria, más distante (quizás menos implicada), centrada en temas escolares (que los hijos vayan bien en el colegio) y de intendencia (que no les falte de nada); madres como presencia constante, que tiene que lidiar con el día a día y los problemas cotidianos de los hijos.

Estos roles responden a una vivisón tradicional muy clásica del matrimonio con hijos, pero todavía resultan muy recurrentes cuando de familia se habla. Otra cuestión será observar cómo se han ido adaptando tales estereotipos al paso del tiempo y a los cambios sociales (mujeres que pasan el mismo tiempo que los hombres fuera de casa, por ejemplo).

En cualquier caso, con independencia de que se asuman roles diferenciados por género, respecto a lo que sí existe acuerdo es sobre la convicción de que la pareja ha de actuar de forma coherente y compenetrada. Es decir, en función de un mismo modelo educativo, de una misma escala de normas y límites, de una misma jerarquía de valores, y sin contradecirse en las decisiones y actitudes adoptadas ante los hijos.

Todos los adultos tienen claro que padres y madres han de estar compenetrados y actuar como ejemplo. Porque en la familia es donde se aprenden y se dicen las cosas más importanes, las cosas que ayudarán a los hijos a desarrollarse como personas que viven en sociedad. Cosas que tienen que ver con valores, y con la forma de priorizarlos. Por ello, padres y madres asumen que esa transmisión de valores adecuados se constituye en una de sus principales misiones, base de su responsabilidad como adultos y frente a la sociedad.

 

Extraído de “Los padres y las madres ante la educación de sus hijos pequeños”.

Editor: FAD.


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